Dándole un giro a la desesperanza

Recuerdo con claridad mi infancia y lo que quería ser una vez fuera adulta. Así es, lo he mencionado antes, quería ser una grandiosa escritora, pero antes de eso quería ser nada más que una diseñadora de modas muy reconocida, o al menos que me conociera cierta cantidad de gente (tener un público específico).

En aquél entonces me disgustaba mucho la moda contemporánea (sigue disgustándome) y algo que quise hacer en mi infancia fue mejorar esa ropa tan poco linda. Hice unos cuantos diseños, no la gran cosa, porque no sabía hacer ropa, más que nada. 

Me enfoqué en ese entonces a escribir mi primera novela después de que sentí que mi sueño había sido robado por una compañera, quien, a la vez que yo, quería hacer lo mismo (las mentes infantiles a veces me ponen muy ansiosa). Dejé esa mentalidad a un lado a pesar de que muy dentro de mí quería volver a la moda, a pesar de que me chocaba ver a esas chicas tan pretenciosas que también se veían tan interesadas en la moda y en las más prestigiadas marcas. 

Sí, es verdad, lo odié por muchos años pero en mi interior sabía perfectamente que, a pesar de que veía a esas chicas con ropa tan fea, yo quería hacer lo mismo, combinar prendas y tener algo único, pero sabía que no era esa la manera de conseguirlo, al menos no ir a esas tiendas asquerosamente costosas y adquirirlas a precios elevados (para cortes tan poco finos). No debía comprarla, al menos pensaba. 

Fue entonces en el 2010 cuando llegó la revelación. No recuerdo perfectamente cómo es que sucedió pero me encontré con la moda Lolita. Una parte exageradamente femenina de mí salió y repentinamente, algo que denominaba asqueroso, lo deseó como cuando el hipster se entera que saldrá un nuevo iPhone. 

Esos vestidos tan bellos que veía de los blogs me inspiraron demasiado para seguir mi deber con la costura. Me puse en marcha, fui a Junco y compré una tela extremadamente linda e hice una barbaridad. Usé esa falda sin embargo en varias ocasiones y la sigo teniendo (creo) como un recuerdo de mi primera prenda.

Por supuesto que antes de ponerme a hacer ropa de esa moda, me puse a investigar arduamente cómo se tenía que vestir y cuáles eran las marcas más prestigiadas. Me ponía a ver videos de Misako Aoki, creé mi primer blog dedicado a las "cosas lindas", seguido de mi canal de YouTube.

Jamás creí que llegaría a tener un vestido porque, aparte de que era una chica de 16 o 17 años que recién pensaba en abandonar los estudios técnicos, sin trabajo, no me sentía lo suficientemente capaz de hacer un vestido así de complejo. ¿Cuál era mi plan, entonces? Crear mi propia marca de ropa.

Empecé así con el proyecto que llamé My Sweet Store, tienda que dedicaría, aparte de para hacer ropa, para hacer también accesorios con pasta flexible (sabía de la existencia de la arcilla polimérica FIMO, pero nuevamente no sabía que en un futuro lo venderían en nuestro país).

Mi plan era realizar cosas hechas a mano, sencillas y de baja inversión, con la pasta flexible y venderlas. No sabía en absoluto que podía venderlas en línea, aparte de que apenas masticaba el inglés, era menor de edad y me gustaba mucho limitarme.

Llegué a ir a las afueras de la TNT con mi novio a vender llaveros, aretes y colgantes para celular, pero casi a nadie le llamaba la atención debido a que, en esos tiempos, los aretes o llaveros de comida y postres no estaban "de moda" y no eran nada reconocidos. Pero, ¡ah!, bendito internet mío. Esos años me llené de tanta esperanza y quería crecer... ¿pero qué me pasó?

Dejé la escuela técnica y en el 2011 entré al CCH, donde dejé de lado estas metas, deseaba estudiar una licenciatura en teatro. Mi vida se puso muy horrible al terminar estos estudios medio superiores.

En el asqueroso 2013 me volví a encontrar con el Lolita después de algún tiempo de no saber ni de ver nada. En Tumblr me llené de nuevo de esa satisfacción e inspiración, la moda Lolita ya era más popular que en el 2010. Los diseños, los cortes, los colores y los dibujos habían cambiado considerablemente, incluyendo por supuesto la comunidad.

Cada vez las chicas se veían más interesadas y me encontré con cosas que me parecieron decepcionantes, queriendo dejarla de nuevo de lado. Sin embargo, eso fue lo que me motivó a continuar y abrir una tienda.

No recuerdo claramente cómo sucedió, elegí el nombre Chocolate Bunny y abrí una página en Facebook. Asimismo entré a un grupo Lolita en México donde empecé a vender unas faldas (ya bien hechas) a un precio bastante bajo (creo que fue a 200 pesos). Tuve un éxito considerable, vendí al menos tres faldas y gané casi 300 likes en Facebook.

Pasaron cosas horrorosas, borré mi cuenta de Facebook y después abandoné la tienda, meses después también la eliminé. Me metí más al mundo Lolita y en diciembre del año 2014 abrí mi tienda global en Etsy, llamándola nuevamente Chocolate Bunny, añadiendo después el Store (un poco en honor a mi primer proyecto).

No me dediqué a esta tienda debidamente, fue hasta junio del 2015 cuando tuve mi primera venta. Había vendido una falda con envío gratuito a EEUU.
Último pedido
(con relación al Lolita, al menos)

Entré en pánico. Compré el material y apenas me alcanzó el dinero. Había visto en internet la cotización del EMS y me asusté más. Una vez había terminado la falda y me dirigí a Correos de México y ¡vaya mi sorpresa! El envío me había salido muchísimo más barato.

Suspiré, hice de nuevo las cuentas y así, actualicé mis precios.

Desde ese entonces hasta el fin del año 2015, tuve nueve pedidos que me hicieron sentir bastante feliz y satisfecha. Gané bien mi dinero y pude empezar a surtirme e invertir, sin embargo, a principios de este año 2016, me propuse una nueva meta: "tengo que hacer que mi tienda crezca" y para ello. reabrí mi página en Facebook y abrí los pedidos personalizados. ¡El horror empezó! De febrero hasta el día de hoy (sí, AÚN), he tenido pedidos y pedidos que me han ayudado a armar mi portafolio, pero más que nada, a ganar experiencia.

Ahora mismo estoy trabajando con el último pedido y después de ello, viene el armar mi portafolio.

Así es, queridos lectores, el gran giro viene aquí. Ahora que me siento cambiada y mi vida ha ido de bien a mejor (dando siempre mis tropezones, pero sin dejar de levantarme), ahora estoy decidida a hacer ese cambio que siempre había querido en la vida.

Mis nuevos proyectos los verán aquí, así como mi posible éxito y por qué no, mi gran salto hacia otro lado. Quién sabe, puede que en un par de años sea capaz de abrir mi boutique (mi sueño dorado).




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