Recuerdos de un dolor y una esperanza.

No sé qué me ha dado por empezar a escribir acerca de mis recuerdos más sobresalientes, más dolorosos. El dolor ha sido casi desde siempre aquél que me ha acompañado hasta en los más profundos pensamientos de mi subconsciente, dolor que, para la fortuna de pocos, dudo que me siga de esa manera tan constante como lo hacía hace dos años. 

Así es, el dolor y el sufrimiento siempre se nos presentará por más "insignificante" que sea la situación. La muerte de una mascota, la ida de un ser querido, el fracaso, una enfermedad, un desamor... es casi imposible vivir sin él, pero es posible que no sea tan constante como lo es para algunas personas. Asimismo, como ya lo habrán notado, el dolor se puede dividir en dos, los cuales son el dolor físico y el dolor psicológico. Sin embargo hace no mucho hallé un tercero, que es la combinación de ambos. En esta categoría podrían entrar aquellas personas que están pasando por la depresión, por la ansiedad o estrés más letales. 

Desgraciadamente tuve que pasar por esta etapa donde la desesperanza cruzaba por mi trayecto; decisiones difíciles, malos pensamientos, anhelos del fin... todo para que culminara en lo que a veces llamamos una bomba de emociones. Todos mis sentimientos se unieron en una sola cosa y estallaron, casi provocándome la muerte. Para el día de hoy sufro las consecuencias de dicho dolor y me arrepiento que ahora, con cualquier cosa que me estrese, esta dolencia se presente y me conlleve a una visita médica. Ya no puedo soportar tantas emociones como lo hice hace un poco más de un año, todo gracias a nadie más que a mí. 

El menosprecio se hizo presente tras una revelación que me hizo salir corriendo de mi casa, en llanto, dolor en el pecho y mareos. No quiero recordar bien ese día por obvias razones, sin embargo, desde ese entonces las cosas que antes eran mi costumbre, se vieron opacadas por la seriedad y soledad, silencio y agonía, heridas y música que no me ayudaba a relajarme. Música que, si ahora la escucho, entonces me vienen esos terribles recuerdos (aunque hoy día ya los puedo controlar más que antes). "Esos pobres bastardos" fueron los que más me acompañaron en esos momentos de desgracia, incluso meses antes de la revelación que antes comenté. 

¿Qué les puedo decir? Todas mis mañanas, tardes y noches era llorar, incluyendo mis estancias en las aulas de clase y en el transporte público. La gente me miraba extrañada, pero nadie, jamás, me preguntó nada acerca de mi estado sentimental. Sólo me veían y se iban y yo sabía, o al menos pensaba, que era insignificante para la humanidad (lo cual puedo definir como verdadero pero de eso quiero abordar en otra entrada). 

En las noches me era imposible conciliar el sueño, las pesadillas me llenaban la mente y las ideas más paranoicas me congelaban la sangre, me ponía a temblar, palidecía, lloraba... y nada podía consolarme con ese corazón que había sido dañado por un tercero. Literalmente quedaba despierta, llorando hasta caer rendida. Sin embargo ese sueño no duraba lo suficiente. Despertaba una o dos horas antes de lo adecuado y quedaba en cama pensando siempre en lo mismo. "Su cobardía, sus mentiras, su traición", era lo único capaz de venirme a la mente. 

Recuerdo claramente un día después de la revelación, cuando desperté después de un sueño bastante lindo y, al desperté, la realidad me pesó y rompí en llanto. 

Comprendo que de verdad hay gente que no tiene la más mínima idea de qué fue lo que sentí y que hay otros que han sentido cosas peores que las que yo expongo. De ninguna manera quiero que sientan lástima por mí, lo que aquí describo fue lo que llegué a sentir hace, como dije, un año y fracción. Sólo estoy diciendo mis ideas dado que este blog tiene el nombre quedará marcado para toda la existencia de la página blogspot o de internet en su conjunto. Como había leído en un libro de Tove Jansson, uno debería empezar a escribir sus recuerdos a los 40 si es que ha sido una persona de virtud. A pesar de que no sé si lo he sido, en toda mi existencia he tratado de encontrarla y seguirla. 

Como había sentido bastante estrés con pláticas que no daban sentido a nada y con gente que solamente demostraba un amor podrido y poco definido, a principios de este año me diagnosticaron con SII, síndrome que ocurre, se supone, tras episodios de estrés. Jamás en mi vida había sentido un estrés tan grande como el que sigo sintiendo cada vez que dicha persona trata de volver a abrir las heridas que tanto me y nos costaron cerrar. Mentiras, traiciones, especulaciones, cobardía, fue lo único que me dejó aquella. 

Lo que más deseaba en aquél entonces era que todo acabara. Leía con mucho entusiasmo, como una razón para seguir existiendo, el libro "El Tiempo Imperfecto", el cual no me dejó mas que angustia y desesperanza. En él, si bien recuerdo, hablaba de lo que ahora me fascina, el eterno retorno y cómo Nietzsche lo veía con angustia. Cual Fénix, todo lo que se ha vivido se volverá a repetir infinitas veces. Aquél se veía muy frustrado, pues como bien se sabe, había sufrido demasiado, y yo me veía reflejada en esas palabras. Todo lo que me dolía en ese entonces, todo ese sufrimiento, lo estaré viviendo una y otra vez.

Dependía demasiado de mi relación, la felicidad para mí era inexistente. No sabía qué quería en la vida porque todo lo veía muy lejos, opaco, poco creíble e inalcanzable. Mis pasiones que son más que nada la literatura y el dibujo o pintura, dejé de realizarlas por ese tiempo. Si miraba mis escritos  o mis cuadernos de dibujo, ni una idea me llegaba a la mente por más que intentara sacar algo de mí. Mis escritos, incluso, los empezaba a ver como porquerías y lo escribía, me insultaba a mí misma por ser una inepta, por escribir basura. Actualmente leo estos pequeños escritos y me llena de dolor y tristeza, a la vez que no puedo creer que en serio pensaba eso de mi persona.

Alguna vez entré a una clase de filosofía de una compañera la cual no olvidaré. Después de todo el tormento, hablando ya por febrero - mayo del 2014, dicho profesor había hecho una actividad que constaba en el dolor y el sufrimiento del pasado. Dijo muy claramente, y trato de citarlo, "todo lo que nos pasa es consecuencia de nuestros propios actos, nadie más tiene la culpa que nosotros mismos. Todo lo que nos sucede es por nuestra causa". Aquello, a pesar de ser muy doloroso, tras analizarlo, me di cuenta que era verdad. Lo que me sucedió no diré que fue culpa de alguien, sin embargo desembarcó terriblemente en algo que a ninguno de nosotros nos hubiera agradado que pasara. Cada uno tenía sus propios problemas, mi pareja y yo, y por no solucionarlos a tiempo estalló en lo peor. El sufrimiento que vivíamos no era más que algo mental, algo que yo misma dejaba me carcomiera. 

Ese año sin duda fue el más pesado de todos, sin embargo, a pesar de todo, no dejaba de pensar que algún día dejaría de ser y por fin podría estar en paz. Veía la muerte como una salida y la vida como otra, muy larga, pero satisfactoria.

A principios del 2015, un semestre después de enviar mi solicitud a ESPORA (sitio para estudiantes con problemas y necesidad de hablar con un psicólogo), logré contactar a una psicóloga. En esos tiempos ya "me sentía mejor" y estuve a punto de negar mi primera cita, pero fue gracias a una amiga por la que finalmente acudí. 

Fueron sesiones muy largas y vacías al principio, mi dolor seguía allí cuando creía que ya estaban opacadas por el olvido. Me decía en muchas ocasiones que estaba llena de odio hacia mi persona. Llegué a darle uno de mis escritos recientes, "50 relatos del ser y el por qué", con el cual sostuvo mi ira hacia todo. Sin embargo, una vez me dijo algo muy especial que guardo con mucho cariño en mi ser: "a pesar de todo lo que has pasado (en la infancia y adolescencia), sigues teniendo esperanza". 

Con el paso de los meses y la poca esperanza que me quedaba en mi ser que estaba pudriéndose, logré salir adelante, poco a poco, a paso lento, pero con esperanza. 

Pude volver a escribir, me he puesto a dibujar y a coser, a estudiar y aprender, a filosofar y razonar. De ese rostro demacrado que una vez me comentó una querida profesora de física, ahora me siento más alegre. 

Puede que esta clase de conclusiones sea una cursilería, pero algo que quiero resaltar en este escrito es que, si alguno sufre de un dolor similar al que describí al principio de esta entrada, entonces es moento de detenerse y hacer ese autoanálisis, ¿de verdad quieres sufrir el resto de tu vida o mejor disfrutar de esta? 

Perdí el tiempo en esos años con los sentimientos basura, lo sé, pero los que vienen serán mejores. 

Si es que me va bien, puede incluso que esta entrada algún día la lea y diga, por fin lo logré. 

Mi sueño de toda la vida ha sido publicar un libro y sé que podré hacerlo. 






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