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Hubo algunas cosas que olvidé comentar en la pasada entrada.

Algo que todo escritor de novela tiene que hacer con sus personajes, es darle una personalidad, ¡darle vida! ¡Hacerlo humano! (A menos que sea una novela fantástica y no existan los humanos... ¡Ya sabrás!). 

Lo que más me entusiasma al momento de crear mis personajes, es darles una cara y tratar de dibujarlos como los veo en mi mente para que los lectores se lo puedan imaginar igual que yo. No es obligatorio que les des una faceta. Muchos escritores prefieren que los lectores usen su imaginación en vez de obligarlos a verlos con ciertas características, lo cual, personalmente, me molesta en ocasiones. Me ha pasado que me encuentro leyendo una novela donde no dan descripción de los personajes y, sea por carencia de imaginación u otra cosa, no puedo ver sus caras mientras están actuando en mi mente. 

Mientras escribo, esos personajes que actúan sobre mi mente tienen cara, estatura, color de piel, actitud... Por eso les doy una descripción, aunque no tan detallada para no aburrir a mis lectores. Los detalles me los dejo para mí. 

Unos cuantos personajes de R. A. N. F. 

Asimismo, si a tus personajes les das características físicas, necesitan personalidad a menos que tu obra sea un melodrama televisivo, allí sólo será necesario separar los buenos de los malos y con eso bastará. En cambio, si se trata de una novela, entonces tendrá sus altibajos a lo largo de la historia. 

En lo personal no me gusta crear personajes que sean considerados los villanos o los héroes, pues todos mis personajes pueden caer en malos pasos o seguir con sus vidas estables, tratando de salvar sus ideales o siendo indiferentes ante las circunstancias. Lo que hace al buen personaje son las diferentes máscaras que puede portar durante todas las escenas de tu novela. En un capítulo tu protagonista puede actuar virtuosamente, en el siguiente prefiere ser indifente ante los problemas, en el próximo se cansa de todo y va por el mal camino, pero después de ese vuelve a actuar con virtud; ciertamente es genial escribir sin ser predecibles para que el lector esté muy pegado a las páginas de tu novela, envidiando al protagonista, amándolo por su actitud, lamentándose de su miseria o maldiciendo sus acciones. 

Recuerda que esos giros drásticos en la trama pueden sorprender a tus lectores.

Otro punto que quiero tratar (y por el mometo será el último) son los lectores que elijas para que lean tu cuento o novela. No solamente necesitas uno, sino tres:
  • El que no lee nada (o el que es lector espontáneo).
  • El que lee de forma moderada a "devorador de libros" (que hasta lee más que tú, porque eso EXISTE--y lo hago con referencia).
  • El que realmente sabe de literatura (puede ser un profesor, alguien mucho mayor que tú).
A estas tres personas le tienes que dar una copia de lo que quieras que lean, normalmente yo doy capítulo por capítulo, y les pido que anoten todos los errores, cosas que les gusten, errores gramaticales, sintáxis, etc, y después de unos días me lo devuelven con sus rayones. 

El primero que lea el escrito, suele decir nada más que "está muy bueno, me tiene atrapado". El segundo te hace anotaciones de unos cuantos errores ortográficos o cronológicos (ya saben, algo que no cuadre), pero sobre todo ello, ¡te dice que le ha encantado! Y el tercero... será el que más te va a doler, pero al igual que otros, su crítica será apreciada. Te va a decir cosas sobre la historia, tus errores gramaticales, sintáxis, ortográfica, "esa coma no va allí", "no entiendo por qué hizo eso si se supone que...", "dijiste que estaba usando el brazo derecho y en la página 23 dice que usa el izquierdo", entre otras cosas que por más que hable, te podrás sentir mal. 

Conserva esas tres impresiones y analiza, anota en tu libreta especial los puntos de vista que te parecieron los más relevantes y, una vez que hayas terminado, pasa todo lo que dijiste al original. Verás que una vez que hayas editado esos errores, tu novela quedará más preciosa. 

¡Recuerda escribir todo lo que puedas y jamás darte por vencido! 






Dorothy

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